Julio 2026
Refugios climáticos, una respuesta a episodios extremos del clima que busca reducir las desigualdades
Las recientes olas de calor que estamos viviendo vuelven a evidenciar que el cambio climático ya no es un escenario futuro, sino una realidad presente que afecta de manera directa a la vida cotidiana de nuestras ciudades y municipios. Ante este reto, la adaptación al cambio climático se convierte en una prioridad, y las entidades locales adquieren un papel central en la protección de la ciudadanía y en la construcción de territorios más resilientes.
Las redes de refugios climáticos representan una de las respuestas más eficaces, cercanas y operativas que un Ayuntamiento puede ofrecer para atenuar las consecuencias de episodios de calor extremo. No se trata únicamente de una medida puntual ante episodios extremos, sino de una estrategia estructural que permite anticipar riesgos, mejorar la habitabilidad del espacio urbano y reforzar la equidad frente al impacto del clima.
¿Qué son los refugios climáticos?
Los refugios climáticos son espacios —interiores o exteriores, públicos o privados— que, sin perder su uso habitual, ofrecen protección y condiciones de confort frente a situaciones climáticas adversas. En el caso de las olas de calor, proporcionan frescor; ante lluvias intensas, permiten resguardarse; y en episodios de frío, ofrecen un ambiente más confortable.
Se conciben como espacios accesibles a toda la población, aunque con especial atención a las personas en situación de mayor vulnerabilidad. No están pensados como recursos asistenciales ni sanitarios, sino como lugares de estancia temporal donde poder descansar, protegerse y recuperar el confort térmico en momentos críticos. Estos espacios pueden adoptar múltiples formas: desde equipamientos municipales climatizados hasta parques y zonas verdes con sombra, integrándose en una red distribuida por el municipio que garantice su proximidad y uso efectivo por parte de la ciudadanía.
En este sentido, es importante tener en cuenta que en muchas ocasiones los espacios que funcionan como refugios climáticos son equipamientos culturales: bibliotecas, casas de cultura o centros culturales, entre otros. Tal y como recoge la guía “Agenda 2030 y equipamientos culturales en Euskadi” elaborada por ADOS, estos equipamientos desempeñan un papel clave por su cercanía a la ciudadanía y por su capacidad para fomentar el bienestar, la inclusión y la cohesión social. En este contexto, cada vez es más habitual que los municipios reconozcan este tipo de espacios como refugios climáticos, al tratarse de lugares de referencia, accesibles y conocidos por la población.
Más allá del espacio: condiciones y criterios
Para que un espacio pueda ser considerado refugio climático, debe cumplir una serie de condiciones que aseguren su funcionalidad y utilidad real. Entre ellas, destacan el confort térmico —tanto en verano como en invierno—, la accesibilidad universal, la disponibilidad de elementos de descanso y una correcta señalización que facilite su identificación. Además, aspectos como el acceso gratuito, la disponibilidad de agua potable o, siempre que sea posible, de servicios básicos como aseos, refuerzan su carácter inclusivo y su capacidad de respuesta.
No se trata únicamente de identificar espacios, sino de garantizar que estos funcionan de forma efectiva como una red coherente, reconocible y preparada para activarse cuando sea necesario.
El papel estratégico de los municipios
Los municipios desempeñan un papel fundamental en la planificación e implementación de estas redes. Su cercanía al territorio y a la ciudadanía les permite identificar las necesidades reales, detectar zonas especialmente expuestas al calor y garantizar una distribución equilibrada de los refugios climáticos.
Más aún, la creación de estas redes no es un proceso aislado. Forma parte de un enfoque más amplio de adaptación al cambio climático, en el que se integran los planes municipales de acción climática, la planificación urbana y las políticas de sostenibilidad.
La experiencia demuestra que el desarrollo de una red de refugios climáticos requiere una metodología estructurada: identificación inicial de espacios, contraste con agentes municipales, incorporación de la visión ciudadana y análisis territorial para asegurar su cobertura y conectividad. Este enfoque permite pasar de una suma de puntos aislados a una verdadera red al servicio del conjunto del municipio. Un ejemplo de ello es el municipio de Hernani, que con la asistencia de ADOS, ha identificado 23 refugios climáticos: https://www.hernani.eus/eu/-/23-babesgune-klimatiko-identifikatu-ditu-hernaniko-udalak
Una herramienta para municipios más resilientes
Las redes de refugios climáticos son, en definitiva, una herramienta de alto impacto para mejorar la resiliencia local. No solo permiten dar respuesta a los episodios de calor extremo, sino que contribuyen a generar municipios más habitables, inclusivos y preparados para afrontar los desafíos climáticos.
Además, ofrecen una oportunidad para repensar el espacio público desde una perspectiva climática, identificando carencias, potenciando zonas verdes y mejorando la calidad urbana de los barrios.
En ADOS acompañamos a las administraciones locales en este proceso, colaborando en la definición, diseño e implementación de redes de refugios climáticos adaptadas a cada contexto. Desde la identificación de espacios hasta su integración en los planes de adaptación al cambio climático, trabajamos para convertir esta herramienta en una solución eficaz, operativa y alineada con las necesidades reales de cada municipio. Porque en un escenario de cambio climático creciente, avanzar hacia municipios preparados no es una opción: es una necesidad. Y las redes de refugios climáticos son, sin duda, una de las piezas clave para lograrlo.




